La noche guarda el mayor de los secretos, todo es mágico, todo es oscuro, todo parece imbuido en un halo de misterio. Un paseo por una playa desierta se convierte en una aventura. Te sientes observado, solo, el vaivén de las olas, te tranquiliza, mientras que tu imaginación comienza a jugarte malas pasadas. La luna anclada en un cielo azul oscuro te hipnotiza, un grupo reducido de estrellas brillan entre la contaminación lumínica y la contaminación, tenues, pero presentes. La brisa del mar refresca esta noche de verano. Tus pies caminan con dificultad por la arena, no hay pasos firmes, te tambaleas te incorporas. Dejas en la orilla, durante unos segundos, una estela con tus pisadas, estas se van deshaciendo a medidas que las olas llegan a la orilla. La espuma blanca desparece mientras la arena absorbe el agua, recuperando su superficie inmaculada y solida. Recojo unas cuantas piedras las guardo con cuidado en el bolsillo, me quedo una, es plana, es perfecta para lo que pretendo. Retraso un pie y otro se queda en la misma posición, preparo el brazo para lanzar giro la cadera, y con fuerza la lanzo, el agua me llega por encima de los tobillos, al lanzar el pie que había retrasado se queda por delante del fijo, la piedra rebota dejando pequeñas hondas en el agua y saltando sobre esta, varias veces hasta que se pierde en una ola. Repito la misma acción varias veces, con el mismo brazo, casi hasta quedarme sin proyectiles(piedras). Los últimos intentos mas que intentar repetir lo anterior es por lanzarla lo mas lejos posible, supongo que me desahogo de esta forma. El brazo me duele, me doy media vuelta mientras lo muevo para relajar los músculos, me aleje lentamente de la orilla para dejarme caer lentamente en la arena y notar como esta se adaptaba a mi cuerpo, esta se pegaba a mis piernas húmedas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario